El quinto cuento:
Blancanieves
Había una vez un rey que tenía una hija con una piel tan blanca, que todo el mundo la llamaba Blancanieves. La jovencita vivía en el castillo con su madrastra, una mujer malvada y envidiosa.
Todos los días por la mañana, la madrastra preguntaba a su espejo quién era la mujer más hermosa: ¡Ella! Pero un día el espejo respondió:
- Blancanieves es más hermosa que tú.
Llena de furia, ordenó a un cazador que matase a Blancanieves. El cazador, que tenía buen corazón, no cumplió la orden.
Blancanieves se refugió en una casita. Allí había siete camas pequeñitas, y, como estaba muy cansada, se quedó dormida.
Más tarde llegaron siete enanitos, que miraron asombrados a la muchacha.
Cuando Blancanieves se despertó, contó a los enanitos su triste historia. Los enanitos le dijeron que se quedase con ellos, y prometieron no abrir la puerta a nadie.
Un día llamó a la puerta una anciana. Era la madrastra disfrazada, que le dió una sabrosa manzana.
Los enanitos hicieron todo lo posible para reanimarla pero en vano. Entonces la colocaron en una caja de cristal, cerca de la casita.
Un día pasó por allí un príncipe que, admirado, se acercó a Blancanieves, para darle un beso.
Al besarla, el trozo de manzana salió de la boca de la muchacha, que volvió a la vida y, llena de felicidad se casó con el joven príncipe.

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