El tercer cuento:
La Bella Durmiente
Había una vez un rey que estaba muy triste porque no tenía hijos. Pero un día la reina dió a luz una hermosa niña.
Para festejar el nacimiento, invitaron a todas las hadas del reino. En mitad de la fiesta apareció un hada vieja, a la que nadie había invitado porque creían que estaba muerta.
Llena de rabia, profetizó que la niña moriría pinchándose con una aguja.
Mandaron destruir todas las agujas del reino. Pero un día, la prinsea vio a una vieja que estaba cosiendo.
Quiso probar ella también, se pinchó un dedo, y se desvaneció.
La profecía se había cumplido. El rey y la reina estaban desesperados. Pidieron ayuda a una hada buena, que les dijo que la muchacha estaba sólo dormida, y que así estaría hasta el día en que un príncipe la despertase.
Transcurrieron muchos años, y en torno al castillo creció una espesa selva. Un día pasó por allí un príncipe que, lleno de curiosidad, se acercó al castillo.
Entro en él, y se sorprendió de ver a todos dormidos. Al ver a la princesa, se admiró tanto de su belleza que la besó con delicadeza. El encantamiento se deshizo.
La princesa abrió los ojos y miró con alegría al príncipe. La vida retornó al castillo, como si nada hubiera pasado.
El príncipe, enamorado de la muchacha, decidió casarse con ella y, con el permiso del rey y de la reina, la llevó a su castillo donde vivieron felices para siempre.
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