domingo, 22 de abril de 2012


Tiempo después...en 1835, H. C. Andersen adaptó este cuento en femenino, titulándolo como:

Pulgarcita

Érase una vez una señora que recibió de un hada un grano de cebada. Cuando los sembró, apareció una niña tan chiquitita que le llamaron Pulgarcita.

Pulgarcita crecía tranquilamente entre las flores, hasta que un día un sapo decidió casala con su hijo. Pulgarcita se asustó mucho y gritó pidiendo auxilio.

Un abejorro que pasaba por allí se la llevó lejos del riachuelo.

Durante algún tiempo vivió en el bosque, comiendo cerezas y fresas, y bebiendo gotitas de rocío. Al llegar el invierno tuvo que buscarse un refugio, y lo encontró en la casita de un ratón de campo.

Pulgarcita le limpiaba la casa y, al atardecer, le contaba bellas historias.

El ratón tenía un amigo topo, que, como no veía bien, necesitaba alguien que lo cuidase.

Mientras tanto, Pulgarcita había curado a una golondrina herida que no pódía volar.

Cuando Pulgarcita se enteró de que el topo quería casarse con ella, huyó subida al pájaro.

Juntos llegaron a un bellísimo jardín.

Allí encontró al rey de las flores, quién le pidió que se casase con ella. Pulgarcita dijo que sí y, llena de felicidad, vio que también ella tenía dos alas para volar.

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